Lorena Guerrero

Bien dicen que el amor te llega cuando menos te lo esperas aunq pase mucho tiempo, . . . así me sucedió a mí. Fué en el 2003 cuando estudié en la Espol mientras me dirigía hacia la biblioteca sentí que alguien me regresó a ver pero no le presté atención, luego cuando ya me iba a mi casa mientras bajaba las escaleras del campus me intercepta un joven el cual me llamó por mi nombre completo, yo no recordaba quien era hasta que me contó que habíamos estudiado la primaria juntos. Me habló de los profesores, compañeritos, yo estaba sorprendida de haberme reencontrado con alguien tan lejano con quien compartí en mi infancia, conversamos y me fuí. El estaba haciendo el prepo en ese tiempo para estudiar ingeniería en computación, de ahí nos vimos pocas veces, me acompañó a comprar mis pinturas para la clase de técnicas pictóricas, me enviaba bastantes sms tiernos con emoticones, era un galán pero yo no sentía por él nada más que amistad.
Un día, durante uno de estos galanteos modernos, un sms me pareció muy directo y yo “le corté nota enseguida”, lo que al parecer lo hizo resentirse y no volvió a comunicarse conmigo. Después de un tiempo me llamó para invitame a una pachanga en la U a la que yo acepté ir, sin imaginar que durante esa fiesta una actitud descortés de mi actual novio haría que la que se enfade esta vez sea yo. Y me fui sin despedirme de él, enojada al ver que sacó a bailar a otra chica y no a mí a quien había invitado. No le hablé, ni respondí sus sms, pero lo extrañaba, las canciones románticas me ponían melancólica; me había enamorado de mi amiguito de la escuelita.
Una tarde, en un momento de melancólica inspiración escribí un poema y le envié como sms a su celular y para no hacer más larga mi historia, luego de esto nos volvimos a contactar y fuimos amigos durante 3 años hasta que el 16 de junio del 2007 me robó un beso en un paseo por el Malecón. Desde ahí ya tenemos 6 años como enamorados y comprometidos formalmente, desde el 16 de junio de este año, cuando me regaló el anillo en una de las aulas de la misma escuelita donde nos vimos por primera vez, decoró con flores el pizarrón, una silla, una mesita y sobre esta envuelta en un ramo de orquídeas el anillo, en la pizarra había escrito su petición de casarse conmigo, ¡obviamente acepté! y fueron cómplices de esta original pedida de mano la directora actual y el portero de la institución. Y vivirán felices para siempre. Fin

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